Un estudio realizado en más de 10.000 adolescentes identificó que las consecuencias de la utilización temprana de estos dispositivos. Los especialistas recomiendan a los padres intervenir de forma activa para proteger su salud física y mental.

Los investigadores descubrieron que poseer un teléfono inteligente a los 12 años se asociaba con un mayor riesgo de depresión, obesidad y falta de sueño, y que adquirirlo a una edad más temprana se asociaba con mayores riesgos de obesidad y falta de sueño.
Además, entre los adolescentes que no tenían un teléfono inteligente a los 12 años, adquirir uno durante el año siguiente se asociaba con un mayor riesgo de problemas de salud mental y falta de sueño a los 13 años, en comparación con sus compañeros que no tenían teléfono a los 13 años.
Anteriormente, otro estudio publicado en la revista Journal of Human Development and Capabilities había analizado el impacto del uso de teléfonos inteligentes antes de los 13 años y concluyó que cuanto menor era la edad de adquisición, peores eran los indicadores de salud mental en la adultez temprana.
El problema es que los niños acceden a edades cada vez más pequeñas. Un estudio realizado por Unicef y Unesco en Argentina descubrió que en nuestro país obtienen el primer celular antes de los 10 años y el 80% usa redes sociales todos los días.
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