Antonio Birabent sale a caminar en sus 30 años como músico

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Antonio Birabent sale a caminar en sus 30 años como músico

Este año festeja sus 35 años como músico profesional y los 30 del lanzamiento de su primer álbum; el repaso de una vida -y una familia- signada por las canciones.

De pequeño Antonio Birabent debió exiliarse junto con su familia en Madrid. Su padre –el gran Moris, creador de “El oso”- se marchó del país en 1975 por la falta de trabajo y el clima sociopolítico que se vivía, antesala del inicio de la dictadura.

Cuando regresó a Buenos Aires, 10 años después, en plena primavera democrática, se encontró con otra realidad y otra ciudad que lo inspiraron. Allí empezó a escribir y a amontonar canciones, sin tener en claro aún que seguiría los pasos de su padre. Fue justamente una nueva versión del icónico tema de su progenitor el que más tarde le abriría las puertas de la industria discográfica. Es una figura del rock por propio peso -más allá de la estirpe familiar- además de actor, con destacadas participaciones en películas, series y programas de televisión.

Para celebrar los 35 años de carrera musical y los 30 de su primer álbum (Todo este tiempo), acaba de editar su primer disco en vivo (grabado en Rosario y con su nueva banda), llamado justamente así: En vivo (en paralelo al lanzamiento de otro completamente instrumental: La lengua insegura, que reafirma su perfil de artista hiperproductivo). Próximamente presentará el nuevo opus en una gira nacional que abarcará Córdoba, Mendoza, San Juan y Buenos Aires.

-¿Qué balance hacés de tus 35 años como músico profesional?

-En 1990, cuando yo trabajaba como periodista en El Cronista Comercial, me sumé a la banda de mi padre. O sea que empecé a hacer dos cosas en simultáneo, algo que luego fue muy común en mi vida. Al toque él hizo unos shows en el Teatro Coliseo y ése fue mi arranque profesional, cuando por primera vez cobré por tocar. Este año no solo se cumplen 35 años de carrera profesional sino 30 de mi primer disco. No soy muy de festejar, pero alguien me propuso hacer una gira para celebrar el doble aniversario y aquí estamos. Lo que me gusta de todo esto es rever las viejas canciones, aquellas que incluso escribí antes de dedicarme profesionalmente a la música, como “A mí la lluvia” y “Salí a caminar”. Por otro lado me da nostalgia pensar en el Antonio que fui y en la Buenos Aires que me albergaba.

-¿Por qué?

"A mí la melancolía me motoriza", asegura Antonio Birabent, en diálogo con LA NACIÓN

-¿Te considerás un hombre melancólico?

-Absolutamente. Pero activo. Porque hay una melancolía que es tristona, depresiva y pasiva, una melancolía que te lleva a no hacer. A mí la melancolía me motoriza, me pone en claro que he hecho muchas cosas y he pasado por muchos lugares. Hoy camino por la ciudad y me digo: aquí hice esto, aquí hice tal otra cosa, aquí conocí a alguien. Todo eso me alimenta y hace que me siga sintiendo cercano al espíritu de la ciudad, a pesar de que cada vez está más habitada por extraños, por personas que no son porteños. Pero, bueno, al fin y al cabo, el porteño es una mezcla. Por eso, cuando puteo un poco contra esa ciudad que a veces me parece ajena, digo: bueno, tal vez la esencia del porteño sea ser ajeno.

-¿Cuáles son tus discos favoritos de los que grabaste, y por qué?

Algunos no se conocen, pero ya deben ser como 30. ¡Perdí la cuenta! A mí me gustan mucho Anatomía, que es un disco entre misterioso, electrónico y de viajes; Cuerdas, que es raro, en el que canto con un quinteto de cuerdas; Familia canción, que hice con mi papá; y también Azar. Lo que me gusta, en general, de mis discos, es que son muchos y bien variados. No puedo parar de grabar discos. Sólo en los últimos meses lancé dos: En vivo y La lengua insegura, un álbum absolutamente instrumental. Y recientemente, en los 15 días que estuve de vacaciones en Córdoba, terminé de armar en mi cabeza uno con un repertorio de canciones que son tangos, que quiero sacar en algún momento.

-En tu nuevo disco, el primero en vivo de tu carrera, reunís buena parte de toda tu producción. ¿Cuál fue el criterio de selección de temas?

Azaroso. Por lo pronto, no pensaba sacar un disco en vivo porque no me gustan. Fue mi productor (Juan Manuel Almada, de Eureka Pop) el que motorizó todo este festejo, disco en vivo incluido. Insistió tanto que acepté, y ahora que lo veo hecho realidad me gusta. Siempre pensé que los discos en vivo no aportaban demasiado artísticamente. Para mí eran recursos comerciales de otra época de la industria, para obtener exclusivamente dinero o porque un artista no tenía nada nuevo para decir. Y yo, para bien o para mal, siempre le he escapado a esas obligaciones comerciales. Además, siempre he tenido algo para ofrecer; si no, no hubiera sacado 30 discos y me hubiera contentado con 15. Este disco representa un momento, el que estoy viviendo junto con mi nueva banda de pibes muy jóvenes, que no superan los 27 años. ¡Ellos nunca habían escuchado mis discos! Así que la mirada que tienen sobre todos mis temas es absolutamente virgen. Son parte de otra generación y por lo tanto vienen con otra energía. Ellos me propusieron qué canciones hacer y grabar. Y yo confié en ellos: fui y canté. No me encargué de nada más, solo hice un par de comentarios, acepté todos sus arreglos y me dejé llevar, lo cual no es muy usual en mí. Y el disco en vivo refleja que eso salió bien.

-Además de ofrecer una síntesis de tu carrera, incluís tres covers de leyendas del rock nacional: “Rock and Roll y fiebre”, de Pappo; “Me gusta ese tajo”, de Pescado Rabioso, y “Jugo de tomate”, de Manal. ¿Por qué no, también, algún tema de tu padre?

En mis recitales, con esta nueva banda, tocamos “El oso”, pero siento que ya lo he promocionado mucho. Recordemos que hace treinta y pico de años lo canté en (el filme) Tango feroz, y luego grabé con él una versión orquestal del tema. Siento que el homenaje a mi padre ya está, por eso elegí hacer otros tributos, a través de tres canciones que amo y que me devuelven a mis comienzos. Porque yo, en el 90, escuchaba mucho blues y rock and roll. Mi primer disco es así, de blues y rock and roll, de hecho hay una canción que se llama “Blues del 55″, que es un blues hecho y derecho. Por otro lado, el rock and roll siempre me ha gustado y lo llevo muy adentro. Si bien a lo largo de todos estos años he editado muchos discos que son más ambientales y elegantes, a mí me tira mucho el rock and roll, el de cantante e intérprete. Mis referentes son los artistas que agarran el micrófono y cantan; que no tocan, y si lo hacen, es solo algo circunstancial. Hacía mucho que no estaba en ese rol, el del cantante que llega a un escenario sin cargar una guitarra. Parece un detalle menor, pero no lo es. Porque los cantantes que realmente admiro no tocan la guitarra mientras cantan.

-¿Por ejemplo?

-Luis Miguel. Sinatra, Presley, Favio, Gardel. Ellos son los que más admiro. Por eso en este nuevo disco, en vivo, lo que quise destacar es al Antonio cantante, al Antonio intérprete.

“No fuerzo nada”

-Volviendo a tu padre, ¿cuán estimulante o atemorizante fue su figura a la hora de decidir dedicarte a la música?

Nunca me dijo que me dedicara a la música ni me envió a estudiar guitarra. Recién cuando vio que mostré inquietud, me ayudó. Me llevó a estudiar bajo y batería, o me enseñó él mismo a tocar. Entiendo que su proceder fue tan respetuoso como estimulante. Yo hago lo mismo con mi hijo, no fuerzo nada. Por eso, cuando me preguntan si quisiera que él siguiera mis pasos, siempre digo: solo si él quiere. Lo que sí hice desde pequeño es acompañar a mi padre a sus shows y a sus entrevistas, como ahora está mi hijo aquí, al lado mío, en esta nota. Y así fui conociendo el mundo de la música desde adentro. En fin, mi padre nunca resultó una traba. Siempre sentí que gracias a él había conocido un oficio que luego terminó siendo también el mío.


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